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5 abril 2020 | 10:31

“Desarrollar la capacidad de responder mejor a los problemas que enfrentamos”

Resiliencia

El Covid-19, presente en la mayoría de los países, genera preocupación y ansiedad en muchas personas. En este contexto, el BICE propone una entrevista cruzada con dos especialistas en resiliencia, la profesora Cristina Castelli de la Universidad Católica de Milán y Stefan Vanistendael, antiguo director de I+D del BICE. Esta fue una oportunidad para entender mejor este concepto y descubrir actividades para hacer en familia o a solas... para vivir mejor este período de confinamiento.

¿Qué es la resiliencia?

Cristina Castelli: La resiliencia es la habilidad de desarrollarse en presencia de la adversidad. Es un proceso dinámico, la forma en que somos capaces de responder a pequeños o grandes problemas encontrados. La resiliencia permite a un individuo recuperar el equilibrio psicológico. Se trata de un renacimiento individual y social después de eventos traumáticos.

Stefan Vanistendael: Esta capacidad de una persona o un grupo (familia) para desarrollarse bien en presencia de grandes dificultades, ya sean puntuales o crónicas, es visible en algunas trayectorias de vida notables. Por ejemplo, la de Nelson Mandela, Ana Frank o la descrita en la película Los Intocables. Pero la resiliencia no está reservada a una élite de gente dotada o privilegiada. La mayoría de las veces se experimenta discretamente. Quién no conoce a un pariente cercano, familia o amigo, un vecino o colega que ha tenido una vida muy difícil, pero que ha sido capaz de superar los problemas, sin endurecerse, sin odio y con toda discreción. Esta capacidad nunca es absoluta, siempre es variable. Tiene varias dimensiones: la capacidad de protegerse, de (re)construirse, de proyectarse en la vida.

¿Qué puede hacer la resiliencia por nosotros en tiempos como estos?

C.C.: Como decíamos, la resiliencia requiere adaptabilidad. En tiempos difíciles es posible descubrir recursos dentro de uno mismo que antes eran desconocidos o inexplorados. Por ejemplo, el placer de escuchar o tocar música, el placer de escribir, pintar… Estos recursos también pueden venir de nuestro entorno, de los amigos, de la familia.

B.V.: Como señala Cristina, la resiliencia, aunque no subestima los problemas, nos abre los ojos a lo que es positivo, a lo que sostiene la vida. A veces de repente, a veces poco a poco con el tiempo. A menudo, esto sucede a través de reuniones, intercambios, palabras dichas… de un profesor a un estudiante con dificultades, por ejemplo.

La resiliencia también puede estar vinculada a un objeto, como una foto especial, un proyecto o compromiso, un evento o una experiencia profundamente hermosa – una melodía, una puesta de sol, un paisaje y, ciertamente, también una espiritualidad no sectaria. Recursos a veces conocidos, a veces por descubrir.

La resiliencia también nos invita a considerar nuestras propias debilidades y las de los demás. Y para construir sobre ellos. A veces estas fragilidades son fuentes de vida: ¿es realmente posible el amor sin fragilidad? ¿O preferimos admirar la perfección?

¿Es la resiliencia una habilidad que se puede aprender?

C.C.: A nivel científico, no se ha determinado si la resiliencia es innata o no. En otras palabras, si nacemos con capacidades de resiliencia y si estas capacidades están más o menos desarrolladas dependiendo del individuo. Lo que sí es cierto, sin embargo, es que podemos cultivarlas, fortalecerlas. De esta manera, la capacidad de resiliencia de cada persona puede desarrollarse a lo largo de la vida. Por eso, en el BICE, ofrecemos cursos de formación para Tutores de Resiliencia. Estos tutores ayudan a los niños que acompañan a sentirse mejor, a creer en sí mismos y a tener una nueva confianza en la vida.

S.V.: Simplemente añadiré que la vida es nuestra maestra, a menudo también para la resiliencia.

¿Puede compartir con nosotros algunos ejercicios, actividades para hacer para vivir mejor la situación actual?

C.C.: Ya es importante cuidar a los que te rodean, mantener los contactos gracias a las nuevas tecnologías. También podemos crear redes con aquellos que parecen ser más frágiles. En efecto, el ejercicio de la solidaridad aumenta la serenidad y la paz. Y todo esto es contagioso, más que el virus…
Es también una oportunidad para compartir con los hijos. Puede ser interesante, por ejemplo, encontrar fotos antiguas y verlas como una familia. Esto les permitirá aprender más sobre su historia. Les dará puntos de referencia.

B.V.: Aquí hay varias sugerencias:

– En primer lugar, cuidar de las relaciones humanas, como señala Cristina. Esto también puede hacerse enviando mensajes de apoyo al personal médico o a personas aisladas en hogares de ancianos. Obsérvese también que la buena escucha es fundamental para la calidad de las relaciones humanas, para la convivialidad. Pero es muy raro, muy difícil. “¿Cómo puedo mejorar mi escucha? “es un gran desafío para todos.

– Respirar profundamente para reducir la tensión.

– Buscar conexiones positivas, pequeñas o grandes, con la vida que nos rodea. A menudo son estas conexiones positivas las que alimentan nuestro sentimiento de que la vida tiene sentido: jugar, ver una película profunda o divertida, escuchar música hermosa, leer poesía, contemplar una bella imagen, asumir responsabilidades (también para los niños) ocupándose de las tareas del hogar, las plantas o un animal, aprender nuevas habilidades, practicar un hobby, disfrutar del silencio…

– Por último, en el contexto actual, es importante establecer rituales. Un buen ritual es una pequeña “rutina”, habitada por la vida, que nos apoya ante la fragilidad de ciertas situaciones. Este consejo es válido a cualquier edad. Los rituales nocturnos, por ejemplo, son importantes. Dormirse es un abandono, un dejarse llevar, para todos; por lo tanto, una entrada en la fragilidad total. Un pequeño ritual (lectura, música, canción infantil, peluche… según la edad) puede ayudar a calmarse del día anterior y ayudar a abandonarse para descansar en confianza.

¿Actividades para los pequeños?

C.C.: Podemos hacer con los niños actividades de la vida diaria. No se trata de hacerlo por ellos, sino de guiarlos. Es hora de dejarlos cocinar, limpiar, enseñarles a atarse los cordones de los zapatos… Hacerlos activos, más autónomos, aumentará su autoestima.

También puedes jugar un pequeño juego con ellos preguntándoles: “¿En qué historia te gustaría vivir?

Finalmente, usando la herramienta La casita* de Stefan, podemos pedirles que dibujen o expresen con sus propias palabras lo que les ayuda a sentirse bien, ya que tienen que quedarse en casa por el coronavirus. Cada habitación de la casa puede ser vinculada a un factor de resiliencia (objeto, persona, historia…) que los haga sentir bien.

B.V.: Sólo puedo confirmar lo que dice Cristina. Y entre las actividades que mencioné antes, varias son también válidas para los más pequeños, adaptando las formas.

La escritura, por ejemplo, te ayuda a imaginar el cambio, a integrarlo… ¿Pero cómo empiezas? ¿Puede compartir con nosotros pequeños ejercicios que nos permitan escribir sobre la situación, escribir sobre lo que sentimos, escribir sobre lo que nos asusta?

S.V.: Es cierto que la escritura puede ayudar. Además, si no es posible escribir debido a la edad, la discapacidad u otras razones, hablar, compartir sentimientos o historias con alguien en quien confíes puede ser de gran apoyo.

C.C.: Para los niños, podemos, por ejemplo, sugerir el ejercicio siguiente. Partimos de una historia ya conocida y les pedimos que cambien el final diciendo: “Si estuviéramos en la época del coronavirus, ¿qué podría haber pasado? »

Hacia la puesta en practica de la resiliencia

*Esta herramienta permite, de manera sencilla, anotar en las diferentes habitaciones de una casa, previamente representadas, cosas que hacen que uno se sienta bien; pero, también, si se siente la necesidad, elementos que hacen que uno no esté bien, cosas que nos preocupan. Durante este período de confinamiento, el BICE pone a su disposición su cuaderno: Hacia la puesta en práctica de la resiliencia. La Casita: una herramienta sencilla para un desafío complejo.

Ideas para lecturas y películas…

Para adolescentes y adultos:
El Diario de Ana Frank: Un ejemplo de resistencia a través de la escritura.
El largo camino hacia la libertad de Nelson Mandela.
La película Los Intocables de Olivier Nakache y Éric Toledano

Para los niños:
Las historias de Winnie the Pooh, durante las cuales el Pooh actúa aceptando sus límites, sus fragilidades.
Muchos cuentos de Perrault, Grimm y Andersen, incluye Pulgarcito, Piel de Asno o Cenicienta.
El dibujo animado de Walt Disney El Rey León.