Nuestra misión :

Defender los derechos y la dignidad del niño en todo el mundo

22 abril 2020 | 09:10

“Esta crisis nos tiene que servir para encontrarnos”

Fleurs
© Diego Muñoz León

En estas semanas de confinamiento global, de soledad y dolor ante la pérdida de seres queridos, en estos tiempos inciertos cuyas consecuencias en la economía y la educación probablemente sean también dramáticas, muchas personas se preguntan dónde está Dios. En este contexto, el hermano Diego Muñoz León, consultor de investigación y desarrollo del BICE, comparte con nosotros sus reflexiones espirituales.

Frère Diego Muñoz

¿Qué podemos decir a todos aquellos cuya fe está vacilando?

Diego Muñoz León : Ciertamente, cuando experimentamos una catástrofe buscamos respuestas, anhelamos seguridades, queremos recuperar lo perdido. Creyentes o no, hacemos una pregunta desesperada ante la situación. ¿Es que Dios existe? ¿Es Él quien nos ha enviado este castigo? O bien, ¿cómo Dios permite que esto ocurra, si es todopoderoso? Ante la calamidad, somos capaces de hacernos preguntas de sentido. Y, en ellas, nos abrimos al misterio de la vida, de la trascendencia. Es acertado preguntarnos, porque en esa inquietud podemos recuperar la razón de ser de nuestra fe. Pero es aún más acertado el ponernos en camino, en mirar críticamente nuestra fe y encontrarnos con el Dios de la Vida.

Pero ¿es Dios la respuesta ante la emergencia?

D.M. : Dios nos creó libres. Nos creó a su imagen y semejanza. Y, en esa libertad, nos hizo responsables del mundo. No para ser el centro del mundo, sino para respetarlo, para amarlo como obra creada también por Dios. Esto ha sido una insistencia muy fuerte del Papa Francisco al publicar su encíclica Laudato Sì. En ese itinerario humano, Dios se hizo uno de nosotros, en Jesús, y experimentó también el sufrimiento, la soledad, la angustia. En la cruz portó consigo todo lo humano y su resurrección fue la mayor respuesta de amor de un Dios que no se dejó vencer por la muerte.

Dios hoy quiere que asumamos nuestra responsabilidad como humanos. Nos acompaña. Seca también nuestras lágrimas. Dios nos exige atender el reclamo de la madre Tierra, de nuestra casa común; no es un mago ni un adivino. Es, ante todo, un Padre amoroso que sufre con nosotros, que espera con nosotros, que alienta cada vida que se pone al servicio de los demás, con generosidad. Nos ha dado la inteligencia y la voluntad para encontrar una respuesta ante la enfermedad, para reorientar solidariamente nuestra sociedad, para educar a las futuras generaciones con dignidad y respeto.

Entonces, ¿cuál es nuestra contribución hoy en medio de la emergencia?

D.M. : Esta crisis nos tiene que servir para encontrarnos con nosotros mismos. Tenemos una primera responsabilidad en recuperar la comunión en nuestro hogar, enriqueciendo nuestras relaciones al interno de nuestras familias. Pensemos en la importancia de los ancianos – la memoria – y de los niños – el futuro.

En segundo lugar, tenemos una responsabilidad en reorientar nuestra manera de vivir en sociedad. Si seguimos encerrados en nuestro individualismo no podremos superar esta prueba. Estamos llamados a tejer una solidaridad universal, porque el virus no conoce fronteras ni razas.

En tercer lugar, en esta crisis estamos redescubriendo la dimensión solidaria de la economía, la responsabilidad de la política, la necesidad de la educación, la importancia de la fe y de las iglesias; no hay aspecto de la vida humana que no se conecte con la aventura de ser habitantes de un planeta que pide a gritos una nueva manera de vivir. Si comenzamos a sensibilizarnos y a trabajar para que todos, humanidad y creación, sean tratadas dignamente, encontraremos el camino para construir el Reino de Dios aquí y ahora.