GUATEMALA – «CONSTRUIMOS SEGURIDAD» - BICE - ONG de protection des droits de l'enfant
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© Veronica Hurtubia

GUATEMALA – «CONSTRUIMOS SEGURIDAD»

A finales de 2019 en Guatemala, se llevó a cabo una formación de Tutores de resiliencia con participantes procedentes de Honduras y Salvador

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«Siempre me sorprende la capacidad que tienen los niños y niñas de recuperarse en una situación de amor», dice uno de los 22 participantes a la formación de Tutores de resiliencia, organizada en Guatemala por el BICE y la ODHAG (Organización de los Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala) en colaboración con la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Milán. Escuchados, acompañados, los niños, niñas y adolescentes tienen la capacidad de recuperarse y rehacerse. Fue esta conclusión que condujo al BICE en implementar formaciones de Tutores de resiliencia desde 2014 y en multiplicarlas en zonas donde los niños, niñas y adolescentes viven con la violencia, pobreza y la guerra.

En la Ciudad de Guatemala, la formación reunió a 22 profesionales procedentes de Guatemala, pero también de Salvador y Honduras. Trabajadores sociales, psicólogas, pedagogos, educadores de calle o incluso abogados que intervienen cada año junto a más de 7.500 niños, niñas y adolecentes en situación de vulnerabilidad. En estos países Centroamericanos donde la pobreza, la inseguridad y los conflictos entre pandillas de jóvenes causaron estragos; las condiciones de vida son, de hecho, muy difíciles para la mayoría de la población (ver cuadro más abajo).

Tener una esperanza realista en sí mismo

Los profesionales presentes en la formación defienden diariamente, en el seno de su organización, los derechos del niño y la no-violencia. Y esto, sensibilizando el mayor número de personas en estas cuestiones y ofreciendo un acompañamiento adaptado a los niños, niñas y adolescentes. «Reflexionar sobre nuestras prácticas es esencial, explica uno de los participantes. Algunas actividades de esta formación nos permitieron, por ejemplo, comprender mejor las reacciones de los niños, niñas y adolescentes. Lo que nos permitirá, en el futuro, responder mejor a ellas.»

Reflexiones sobre el concepto y los factores de resiliencia o de no-resiliencia, talleres de simulación, juegos de roles, trabajo colectivo, intercambio de métodos y actividades positivas… Basándose en el manual de Resiliencia** del BICE, específicamente adaptado al contexto regional, la formación permitió a los participantes adquirir herramientas prácticas y una mejor compresión de lo que es un tutor de resiliencia y de las cualidades que tiene que demostrar.

«A partir de ahora percibimos la resiliencia como una manera de releer el mundo y de enfrentarse a las crisis con una cierta apertura al cambio, con una esperanza realista.» Y uno de ellos añade: «A partir de ahora, soy más consciente del papel que desempeñamos y del hecho que construimos seguridad.» El intercambio de historias y experiencias personales también contribuyó al éxito de estos cinco días de formación. El 94% de los beneficiarios saludaron la calidad del curso.

Un espacio seguro y acogedor

Al final de la formación, establecieron dos grandes ejes prioritarios a desarrollar o reforzar en el seno de su organización, en función de los destinatarios que acompañan. Los profesionales en contacto con los niños, niñas y adolescentes, víctimas de violencia y/o abusos sexuales, tomaron conciencia de la necesidad de privilegiar la implementación de un espacio seguro y acogedor (emocional, social y físico). «Una primera etapa indispensable.» Aquellos que trabajan en una escuela o un centro educativo concluyeron que tenían, ante todo, que favorecer las relaciones positivas, particularmente con las familias. Fueron identificadas acciones concretas en relación con cada uno de estos ejes. Los participantes han expresado, por cierto, su voluntad de implementarlas en su organización, mientras solicitan un seguimiento sobre el terreno.

Otro comentario positivo. La colaboración y el intercambio entre actores sociales trabajando en tres países diferentes fueron apreciados. Los participantes están entusiasmados que se desarrolle la Red BICE (Mesa Pro BICE) de Centroamérica. En mayo 2020, las organizaciones de Honduras y Salvador van a unirse a la red guatemalteca ya existente. Constituirán así una red centroamericana. Para esta ocasión, otras acciones comunes tendrían que ser panificadas.

 

*Guatemala: ODHAG, Misión de Justicia Internacional (IJM), Asociación nacional contra el mal trato infantil (Conacmi), Cáritas archidiocesana, Fundamar. Honduras: Cáritas Honduras. El Salvador: Arzobispado San Salvador, Cáritas, Semillas de nueva creación.

**Manual La Resiliencia, de la inspiración a la acción- Testimonio, reflexiones y experiencias.
(La Resiliencia: de la inspiración a la acción– testimonios, reflexiones y experiencias)

Algunas cifras…

  • Guatemala, Honduras y El Salvador hacen parte de los países más violentos del mundo, fuera de las zonas de guerra. La tasa anual de homicidios para 100.000 habitantes era de 27,3 en Guatemala en 2016, de 56,5 en Honduras y 82,8 en El Salvador en 2017 (fuente: Oficina de las Naciones Unidas contra la droga y el crimen)
  • En Honduras, el 61,9% de la población vivía bajo el umbral de la pobreza nacional en 2018, el 29,2% en El Salvador (2017) y el 59,3% en Guatemala (2014) (fuente: Banco Mundial).
  • La tasa de escolarización en primaria era de un 86,8% en 2017 en Guatemala, un 80% en Honduras y un 80,2% en El Salvador. En cuanto a la tasa de escolarización en el secundario era de un 43,7% en Guatemala, un 43,7 % en Honduras y un 60,18% en El Salvador (fuente: Banco Mundial).
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