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26 febrero 2019 | 09:49

JMJ de 2019: primera celebración penitencial con los adolescentes en conflicto con la ley

Del 22 al 27 de enero, Panamá vivió al ritmo de la 34a Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).

Así, unos 200 000 jóvenes procedentes de 55 países, participaron en este gran encuentro presidido por el Papa Francisco. Entre ellos, más de 1 000 jóvenes miembros de comunidades indígenas que participaron en sus propias Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ), 3 días antes del comienzo del evento internacional, del 16 al 19 de enero.

Bajo la mirada atenta de la Virgen María, el tema elegido para esta edición fue “Aquí está la sierva del Señor; que todo me pase según tu palabra” (Lc 1,38)

Una atención especial a los vínculos intergeneracionales durante la JMJ

El Papa Francisco, por su parte, llegó el 23 al aeropuerto internacional Tocumen de Panamá.

Después de una breve ceremonia de bienvenida, fue a la Nunciatura Apostólica, que fue su lugar de residencia durante todo el período de este viaje.

Luego, la JMJ fue marcada por varias misas, celebraciones y encuentros. El Papa Francisco así celebró el sábado 26 de enero una misa en la Basílica Santa María la Antigua con sacerdotes, consagrados y miembros de movimientos laicos. Durante esta celebración, hizo la dedicación del altar de la Basílica.

El Papa Francisco aprovechó el encuentro para invitar a los jóvenes a acercarse a personas mayores. Así declaró “Ustedes no son el porvenir sino el ahora de Dios. Dios les convoca y les llama […] para ir a buscar a sus abuelos, personas mayores; a que se levanten y a hablar con ellos.

Una JMJ en la que se presta atención a los jóvenes que se encuentran en búsqueda de redención

El Papa también quiso poner de relieve la causa de los jóvenes en conflicto con la ley. Por eso fue a encontrar a los jóvenes del centro de rehabilitación de Pacora, ubicado a unos 40 kilómetros de Panamá City. Y celebró, por primera vez en la historia de la JMJ, una celebración penitencial en un lugar como este.

El centro, en el que 143 jóvenes cumplen su condena (que puede ser de una duración de 1 a 12 años de detención), tiene como objetivo sacarlos de esta espiral mortífera de la delincuencia. Asimismo trata de integrarles en un “proceso de resocialización”, y de empoderarlos para que una vez libres, puedan llevar una vida digna y honesta.

Mucho de ellos crecieron en un entorno familiar caótico, sin educación, sin ternura, sin cariño; la violencia y la droga fueron los únicos caminos que se los propusieron. Darles la oportunidad de reconstruir su vida es fundamental.

El concepto de justicia restaurativa que subyace a este enfoque es muy especial para nosotros. Es un elemento central para el programa Niñez sin rejas, llevado a cabo en África y en América Latina. Su objetivo es desarrollar y promover sistemas de justicia juvenil, que prevén el uso de medidas alternativas a la privación de libertad con el fin de favorecer la reinserción sostenible de los adolescentes en conflicto con la ley.