Modelos explicativos para promover la resiliencia - BICE - ONG de protection des droits de l'enfant
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Desde los años 90, la resiliencia se entiende como un proceso complejo en el que intervienen factores personales, familiares y sociales. Estos factores pueden ser de resiliencia o de no resiliencia. Este enfoque abre el camino al desarrollo de acciones psicoeducativas y sociales, basadas en la convicción de que es posible identificar y reforzar los factores de resiliencia. 

Los factores de resiliencia incluyen una amplia gama de recursos personales, familiares y sociales. Los recursos son variados e interdependientes, pero ninguno es más importante que otro. Esto depende del contexto en el que se desarrollan. Por ello, el gran número de recursos disponibles puede dificultar su selección. Para ello es necesario desarrollar modelos que, teniendo en cuenta la singularidad de cada ser humano, permitan explicar la resiliencia, pero también aplicarla, especialmente en diferentes contextos psicoeducativos y sociales.

Presentación de diferentes modelos explicativos y de aplicación de la resiliencia

Como señalan Gemma Puig y José Luis Rubio, existen diferentes modelos que clasifican las distintas tipologías de recursos, con el objetivo de explicar y desarrollar la resiliencia. Cada modelo se centra en unos recursos más que en otros, con sus propias ventajas e inconvenientes. Por tanto, no hay un modelo mejor que otro y es el profesional quien debe elegir qué modelo aplicar. Es importante aclarar que el uso de un modelo no excluye ningún otro, sino que son complementarios.

A continuación se resumen algunos modelos explicativos y aplicativos que diferentes autores han desarrollado para promover la resiliencia en diversos ámbitos: educativo, psicosocial, institucional, deportivo, etc.

Modelo 1. Mandala de la resiliencia

Este modelo también se conoce como los Siete Pilares de la Resiliencia, desarrollado por Steven J. Wollin y Sybil Wollin (1993). Representado por la figura de un mandala, sintetiza las cualidades que debe poseer una persona resiliente, como :

  • introspección, autoobservación (pensamientos, emociones, acciones);
  • independencia, estableciendo límites y manteniendo la distancia emocional con el entorno sin aislarse;
  • la sociabilidad, la capacidad de mantener relaciones sanas con los demás;
  • iniciativa, poniéndose a prueba en diferentes situaciones, asumiendo retos;
  • humor, no burla;
  • la creatividad, la creación a partir del caos y el sentido de la belleza;
  • ética, valores y compromiso.

A estos elementos, Néstor Suárez Ojeda añadió en 2004: habilidades sociales, resolución de problemas, autonomía, expectativas positivas de futuro. Este modelo visualiza los recursos personales y no los del entorno.

mandala de la resiliencia

Modelo 2. La Casita o casa pequeña

Este modelo explicativo de la resiliencia, diseñado en 1995 por Stefan Vanistendael, sociólogo y ex jefe de la Unidad de Investigación y Desarrollo del BICE (1979-2016), nació con el objetivo de explicar los factores más importantes de la resiliencia. Visualiza los recursos como si fueran partes de una casa. La resiliencia se construye desde la base, desde los cimientos y luego se añaden la estructura y las piezas.

El suelo representa la satisfacción de las necesidades básicas (vivienda, comida, ropa). La base es el sentimiento de ser aceptados por los demás tal como somos y las redes de apoyo. La planta baja es la capacidad de dar sentido a los acontecimientos a medida que se producen. El primer piso es la autoestima, el sentido del humor y otras habilidades. Por último, el ático es el espacio para los objetivos que nos proponemos para el futuro. Este modelo tiene en cuenta los aspectos individuales y ambientales. Y puede utilizarse en diversos contextos (educativo, psicológico, clínico) con niños, adolescentes y también con adultos.

Casita

Modelo 3. El modelo Grotberg

Desarrollado por Edith Grotberg (1995), ayuda a visualizar y comprender cómo se relacionan los recursos y qué actitudes son necesarias para promover la resiliencia. Se centra en los aspectos individuales, pero no niega la influencia del contexto. La claridad y la sencillez de este modelo facilitan su uso con niños y jóvenes. El modelo original preveía trabajar sobre tres aspectos: “soy, tengo y puedo”. A continuación se añadió una cuarta categoría sobre las emociones “siento”. Esta última parte fue trabajada en América Latina por Eugenio Saavedra y Ana Castro.

Modelo grodberg

Modelo 4. La rueda de la resiliencia

Este modelo fue desarrollado por Nan Hernderson y Mike Milstein (2003) específicamente para entornos escolares. Visualiza la resiliencia como una rueda, en la que cada elemento ayuda a reforzar los demás. Juntos hacen girar la rueda. El modelo tiene dos dimensiones, cada una con tres elementos. La primera dimensión pretende ayudar a los niños a mitigar el riesgo mediante tres acciones: enriquecer las relaciones, establecer límites claros y enseñar habilidades para la vida. La segunda dimensión pretende promover su resiliencia, ofreciéndoles apoyo y afecto, fijando objetivos realistas para el éxito y ofreciendo oportunidades de participación. Este modelo, a diferencia de los demás, se centra exclusivamente en los aspectos comunitarios y puede aplicarse también en instituciones u organizaciones comunitarias.

la ruela de la resiliencia

Modelo 5. 3R

Este modelo se inspira en el de Jacques Lecomte (2010): Relaciones, Sentido y Reglas. Cristina Castelli (2020), directora de la Unidad de Investigación sobre la Resiliencia de la Universidad Católica de Milán, con la que el BICE ha puesto en marcha su programa de Tutores de Resiliencia, lo adapta para su uso en contextos deportivos. Cuando se trabaja directamente con los adolescentes, la idea de un grupo o equipo ayuda a crear resiliencia.

Esto se consigue mediante el establecimiento de interacciones sanas entre los miembros del equipo y con los adversarios; el establecimiento de reglas, que son fundamentales para el desarrollo del juego (sin reglas, no hay deporte); y, la capacidad de proyectarse en el futuro, de fijarse nuevas metas individualmente y como equipo. Este modelo está siendo aplicado y estudiado por la Universidad de Milán en el contexto de las actividades deportivas en varios países. El modelo fue presentado en el simposio Resilienza e Sport 2019, en el que el BICE participó con los socios del programa Niñez sin Rejas. El libro Resilienza e sport se publicó en 2020.

3R

Modelo 6. Habilidades para la vida

Según Maria Mancinelli (2020), se trata de las habilidades y competencias que hay que adquirir para relacionarse con los demás y hacer frente a los problemas y tensiones de la vida cotidiana. Este modelo se centra en el tema y no en el contexto. Sin embargo, afirma que estas habilidades vitales son necesarias para que la persona tenga una relación constructiva con su entorno. Las habilidades para la vida se dividen en tres macrodominios. Cada una de ellas abarca una serie de habilidades cognitivas, emocionales y sociales, como se resume en el siguiente diagrama:

Competencias
CognitivasEmocionalesSociales
Resolución de problemasEmpatíaComunicación asegurada
Espíritu críticoGestión de emocionesRelaciones interpersonales
CreatividadManera de ser 
competence skills

Bibliografía

Castelli C. (2020). Resilienza e sport. Franco Angeli.

Day C. & Gu Q. (2015). Educadores resilientes, escuelas resilientes: Construir y sostener la calidad educativa en tiempos difíciles. Narcea Ediciones.

Mancinelli M.R. (2020). Tecniche espressive per lo sviluppo di competenze trasversali (F. Angeli ed.).

Mateu Pérez R., García-Renedo M., Gil Beltrán J. M. & Caballer Miedes A. (2010). ¿Qué es la resiliencia? Hacia un modelo integradorFòrum de Recerca15, pp. 231–248.

Munist M., Suárez B. & Alonso, M. (2018). ¿De qué hablamos cuando hablamos de resiliencia comunitaria? In M. Simpson, M. Munist, E. Santa Cruz, M. Kotliarenco, E. Klasse & A. Melillo (Eds.), Resiliencia comunitaria (p. 360). Editorial Dunken.

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