Tutores de resiliencia - BICE - ONG de protection des droits de l'enfant
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¿Quiénes son los tutores de resiliencia?

Este término aplicado en el contexto psico-socio-educativo por Boris Cyrulnik puede evocar “una persona, un lugar, un acontecimiento, un objeto, una obra de arte que provoca un renacimiento del desarrollo psicológico después de un trauma“.

Teresa Barata-Salgueiro sostiene que es posible clasificar a los tutores en dos categorías:

– Tutores implícitos: son personas del entorno cotidiano a las que el sujeto puede acudir en busca de apoyo. Provienen del entorno familiar, social y cultural. No tienen formación específica y no son conscientes de su papel.

– Tutores explícitos: son personas que deciden conscientemente crear un vínculo de apoyo, acompañando al otro en una situación de adversidad. Los tutores explícitos estimulan el desarrollo de la resiliencia, guiando el proceso de reconstrucción, mediante una relación de ayuda horizontal con el sujeto. Como señalan Gema Puig & José Luis Rubio, un tutor explícito es una persona que acompaña a otra que está viviendo una situación desfavorable, convirtiéndose en un apoyo, que conduce a partes iguales a la confianza y a la autonomía, a lo largo de la dinámica de resiliencia, sin saber si la relación será o no significativa y transformadora.

Hay que recordar que estas categorías a veces pueden solaparse, es decir, un tutor puede ser tanto implícito como explícito.

Centrarse en el entrenamiento por parte de un profesional

Los profesionales que trabajan sobre el terreno -educadores, trabajadores sociales, psicólogos, profesores, etc. forman parte del entorno del niño o adulto que vive en una situación de vulnerabilidad.  Por lo tanto, son potenciales tutores de la resiliencia.

Estos tutores crean una relación de ayuda – a través de talleres, acciones educativas, etc.- destinada a apoyar el proceso de resiliencia en un niño, adolescente, adulto, familia o comunidad. Para ello, deben ganarse la confianza de la persona apoyada y ayudarla a reforzar sus capacidades y recursos externos, valorando el apoyo social y el sentimiento de pertenencia a uno o varios grupos (familia, compañeros, escuela, etc.). Por lo tanto, es importante que reciban una formación adecuada y sepan identificar los factores de resiliencia y de no resiliencia, para luego movilizar los recursos de la persona y de la comunidad.

En concreto, el tutor proporciona a la persona apoyada :

– apoyo en los momentos difíciles para ayudar a desarrollar la independencia y la autoestima.

– protección ante la adversidad. Sin embargo, la protección no significa eliminar la amenaza, sino reforzar la capacidad de actuación, las habilidades y los conocimientos necesarios para afrontarla y superarla.

– escuchando. Permite la expresión de emociones negativas (miedos, ira, tristeza…) pero también de las positivas.

Autores como Boris Cyrulnik, Jacques Lecomte y Stefan Vanistendael, sociólogo y antiguo jefe de la Unidad de Investigación y Desarrollo del BICE, reconocen las siguientes cualidades en un tutor: empatía y afecto, interés por los aspectos positivos de la persona, modestia, paciencia y capacidad de aceptar y poner en práctica la libertad de la otra persona para hablar y/o permanecer en silencio.

¿Por qué invertir en programas que promuevan la resiliencia?

Cada vez hay más programas que tratan de promover la resiliencia en las personas y en los entornos en los que viven. Autores como Michael Ungar, Anna Forés, Jordi Grané y Cristina Castelli coinciden en que este tipo de programas permiten reflexionar sobre las exigencias de diversos escenarios (sociales, educativos, económicos, políticos y medioambientales). Al operar sobre la base de las potencialidades, y no de las deficiencias, ofrecen una perspectiva sostenible, positiva y transformadora.

Las intervenciones basadas en la promoción de la resiliencia se caracterizan por:

– La personalización del enfoque. En la práctica, se dirigen a un ser humano, teniendo en cuenta su personalidad, su historia y sus necesidades.

– Intergeneracionalidad. Abarcan todas las fases del desarrollo humano, desde la infancia hasta la vejez.

– Adaptabilidad. Pueden aplicarse en diferentes situaciones (catástrofes naturales, conflictos armados, desplazamientos forzados, abusos y violencia) y en diferentes países, respetando las variables culturales.

– Colaboración. Fomentan el trabajo multidisciplinar entre educadores, psicólogos u otros colaboradores más específicos, como arquitectos, abogados, etc.

¿Cuál es la contribución del BICE en este tema?

La resiliencia ha sido uno de los pilares del trabajo de investigación y acción del BICE desde los años 90. En colaboración con la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Milán, el BICE ha desarrollado cursos de formación de “Tutores de resiliencia” que ofrecen a los educadores que trabajan con niños víctimas de traumas herramientas y métodos para fomentar el proceso de resiliencia. A menudo, estos niños no tienen espacio para hablar de su sufrimiento. Sin embargo, cuando son acompañados a lo largo del tiempo por un profesional capacitado, encuentran un apoyo psicoafectivo tranquilizador que les permite expresar sus emociones. Encuentran la paz, o al menos una cierta serenidad, y pueden entonces crecer en la vida a pesar de sus experiencias.

“Antes de una formación en Haití, un profesor me contó que unos días antes de nuestra formación, uno de sus alumnos llegó a clase con moratones en el cuerpo. Apenas podía caminar. El niño, que no tenía juguetes, había querido acariciar a la gallina de la casa y su madre le había dado una paliza… Historias como esta son comunes, porque hoy la violencia se apodera de todo. Nuestro trabajo es sacar a los adultos de este estado de furia y rabia generalizada, que se expresa en todas las relaciones, incluyendo por supuesto a los más jóvenes. Tienen que cambiar la forma de ver a los niños, dejando de verlos como fuentes de problemas sino, más bien, como sujetos de derechos y recursos. En este contexto de violencia y privación total, la escuela debe ser un refugio y saber abrir nuevos caminos.

Verónica Hurtubia, pedagoga de la Unidad de Investigación sobre la Resiliencia de la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Milán, socia del BICE

Bibliografía

Castelli C. (2015). Tutori di Resilienza. Educatt.

Cyrulnik B. (1999). Un merveilleux malheur, O. Jacob.

Cyrulnik B. (2003). Comment un professionnel peut-il devenir un tuteur de résilience, in B. Cyrulnik, Cl. Seron : La résilience ou comment renaître de sa souffrance, pp. 23-43.

Forés A. & Grané, J. (2012). La resiliencia en entorno socioeducativos. Narcea Ediciones.

Madariaga J. M. (2014). Nuevas miradas sobre la resiliencia: ampliando ámbitos y prácticas. Editorial Gedisa,.

Munist M., Suárez, B., & Alonso, M. (2018). ¿De qué hablamos cuando hablamos de resiliencia comunitaria? In M. Simpson, M. Munist, E. Santa Cruz, M. Kotliarenco, E. Klasse, & A. Melillo (Eds.), Resiliencia comunitaria (p. 360). Editorial Dunken.

Rubio J. L. & Puig G. (2015). TUTORES DE RESILIENCIA. Gedisa.

Sánchez A. & Gutiérrez L. (2016). Criterios de resiliencia entrevista a Boris Cyrulnik. Gedisa.

Ungar M. (2018). What Works: A Manual for Designing Programs that Build Resilience.

Välikangas L. (2010). he resilient organization: how adaptive cultures thrive even when strategy fails.

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