Nuestra misión :

Defender los derechos y la dignidad del niño en todo el mundo

2 agosto 2018 | 12:29

Los curas villeros al servicio de los más necesitados

El padre Adrián Bennardis es el responsable de la Comisión de Niñez y Adolescencia en Riesgo del Arzobispado de Buenos Aires que es una organización miembro de la Mesa Pro BICE Argentina. Vive en las villas miseria de Buenos Aires donde comparte la vida cotidiana de niños y niñas en situación de mayor vulnerabilidad. Nuestra representante, Carmen Serrano, fue a su casa abierta a todos y todas para encontrarlo.

“¡Salgan a las periferias! Las periferias geográficas y existenciales.”
Esta es una invitación frecuente del papa Francisco a los cristianos. Pero ¿dónde están estas periferias? Las villas miseria de Buenos Aires donde el padre Adrián eligió ejercer su ministerio como sacerdote son indudablemente algunas de estas periferias.

Atravesamos un laberinto de callejuelas y pasillos sin pavimentar y con refugios construidos con desechos para llegar a su pequeña iglesia. Los alcantarillados están a cielo abierto, el calor es sofocante y el aire es difícilmente respirable. Pero, alrededor de nosotros, todos saludan y sonrían al padre Adrián al pasar por las calles de las villas.

C. Serrano: Los curas villeros no son curas al uso…

Padre Adrián. Los curas villeros están presentes en Buenos Aires desde hace más de 50 años. Al principio, fueron apareciendo como curas obreros, pero rápidamente descubrieron que el pueblo de estos barrios esperaba más de su presencia. Tenían que llevar a cabo sus misiones como sacerdotes, bautizar a los niños y niñas, sino también luchar con los otros habitantes por el acceso a los derechos: el derecho al agua, a la vivienda, a la educación. Por supuesto, el papel de los curas villeros ha evolucionado a lo largo de los años. Pero, su presencia se mantiene por su cercanía a la población, su compromiso y su alegría de vivir con este pueblo y compartir una fe sencilla y profunda…

Como curas villeros, ¿cuál es su papel?

Nuestra puerta es una puerta más del barrio, que se toca y uno va y la abre. Se acompaña la vida “como viene”. Esto incluye desde la escucha profunda frente a experiencias duras de la vida, hasta peticiones sencillas como: “Padre, ¿no tiene un poco de aceite?”. Incluye también, por ejemplo, acompañar a una familia en su dolor cuando un joven muere violentamente, sino también ayudar a esta familia en los trámites administrativos y la búsqueda de apoyo financiero, rezar la novena caminando con la familia y participar en los ritos tradicionales. Y eso es hermoso y valioso.

¿Es importante la presencia de la iglesia en medio de las villas miseria?

El papa Francisco (que había fomentado mucho esta misión cuando era arzobispo de Buenos Aires) presenta las tres “T” (Tierra-Techo-Trabajo) como camino para que un pueblo pueda vivir bien. Nosotros como curas villeros proponemos las tres “C”: Capilla, Colegio, Club. Son espacios sanos y de inclusión social donde los niños, niñas, adolescentes, quienes representan más del 40% de la población local, están protegidos de las drogas, las armas y la violencia.

Muchos jóvenes se encuentran en la calle y consumen paco (una droga local de mala calidad). Más allá del problema de consumo, estos niños y niñas de la calle sufren exclusión social. No han ido a la escuela, no tienen formación, están sin vivienda y no tienen trabajo. Pero, el dolor más profundo, imperceptible e inconmensurable es indudablemente la falta de vínculos y de amor que sienten. Todos estos niños y niñas tienen un profundo deseo de tener un hogar, una familia y una casa.
La iglesia desempaña ese papel de gran familia con sus movimientos de jóvenes, de misioneros, de hombre y mujeres comprometidos… Los niños y niñas que vamos acompañando pueden decir: “Aquí está mi familia, mi casa, mi hogar.”